domingo, 25 de noviembre de 2012

21 de Octubre, 1985

Despierto a las 11 por unos gritos. Sorprendido por haberme dormido sin quitarme la “piel” de mi cabeza. Más cansado de lo que pensé. Debía ser más prudente. Cruzando la calle unos chicos con spray desfiguraban un edificio abandonado. Memoricé sus rasgos y me preparé para el trabajo.

Primero me quité la “cara”, la doblé, la guardé en la chaqueta, sin mi “cara” nadie sabe quién soy. Al salir de la habitación me encontré a la patrona, siempre quejándose por la higiene y el alquiler. Tenía marcas rojas en el cuello, eran frescas, me recuerda a mi madre.

En la calle veo el edificio desfigurado: Una silueta en el portal de un hombre y una mujer, entregados a escarceos sexuales. No me gustó. El portal parecía embrujado. Entre la cuarenta y la séptima vi a Dreiberg y a Juspeczyk saliendo de Gunga Diner. No me reconocieron. ¿Un lío quizás? ¿Tramó Juspeczyk el exilio del Dr. Manhattan? Además odiaba al Comediante. He de investigarlo más.

Entro a comer, pido un café, me siento a esperar mi correo, justo al otro lado de la calle. Los transeúntes tiraron varias cosas: Envoltorios de caramelos, periódicos, un par de bambas estranguladas por sus propios cordones… Esta ciudad es una bestia fiera y complicada. Para entenderla leo en sus secreciones, sus olores, el movimiento de sus parásitos. Mirando el contenedor de basura, Nueva York me abría su corazón.